Bienvenidos al Blog de la asignatura Historia Económica de la Edad Moderna. Universidad Complutense, Dpto. de Historia Moderna. El blog nace como un elemento de intercambio de ideas para que, entre todos, alumnos y estudiantes o interesados en general, puedan ir sumando sus propuestas.
viernes, 19 de diciembre de 2014
Artículo sobre Educación en El País
Aquí os dejo un interesante artículo sobre Educación en El País, que defiende la necesidad de transformar nuestro sistema educativo (link)
jueves, 18 de diciembre de 2014
Entrevista en radio3w
Ya está disponible el audio del programa que hicimos el pasado martes en "Educa en Digital", con Olga Martín. Este es el link
miércoles, 17 de diciembre de 2014
Visita a Radio 3w "Educa en Digital" 15-12-14
Esta entrada al blog trata de resumir la
enriquecedora actividad que realizamos una serie de componentes de este grupo,
ayer 15 de diciembre en la emisora de radio “Radio 3w” en su programa “Educa en
Digital” de Olga Martín. Pese a publicarla yo, se trata de una entrada hecha
conjuntamente con Rocío García Escribano del Grupo 3.
En primer lugar tuvimos una toma de
contacto con la presentadora, explicándonos el tiempo del programa, la mejor
forma para que se nos oyera o presentándonos a cada uno de nosotros. Comenzamos
con un debate candente a día de hoy: el Plan Bolonia, pero aplicado a nuestra
facultad. Hubo opiniones de todo tipo al respecto, aunque en resumen se vino a
exponer la necesidad de “dejar madurar” el plan, así como un cambio sustancial
para las ramas de humanidades sobre todo en la parcela de las prácticas.
Expliqué mi experiencia en Bolonia en el extranjero (París IV-Paris- Sorbonne) y cómo se aplica el plan en Francia.
En relación a lo
anteriormente dicho sobre los métodos que se utilizan en las clases, aulas,
etc. Pasamos a hablar, nuevamente participando los siete asistentes al
programa, de la asignatura que hemos estado cursando este cuatrimestre con
David, Historia Económica en la Edad Moderna, profundizando en los métodos
educativos propuestos por él mismo: actividades semanales, blogs, elaboración
de las preguntas del examen, y los vídeos.
Todos coincidimos
en que todo ello nos había resultado una experiencia positiva, ya que
consideramos que por primera vez, habíamos sido participes en gran medida del
transcurso de una asignatura. Se nos había permitido ser los autores de un gran
contenido académico, y de hecho, se nos había dado la oportunidad de elegir cuál
podría ser ese contenido.
Con las
actividades semanales se nos permitió aprender y participar de forma activa en
el desarrollo de la asignatura, algo que por norma general suele ser
competencia única del profesor. Esto además nos ha permitido intercambiar
opiniones, y darle a la temática que tratábamos un contenido subjetivo, es
decir, de alguna forma hemos conseguido constituir nuestra propia opinión de
los hechos históricos.
En cuanto a los
blogs, hemos conseguido crear, nosotros mismos, una plataforma donde se recoge
una importante cantidad de información, con más de 150 entradas, llegando a
reunir éstas más de 200 páginas en papel aproximadamente, sumado a las más de
50 referencias bibliográficas; es decir, todo ello podría ser contenido
suficiente como para llegar a escribir incluso un libro. Hicimos hincapié en el
hecho de que es una fuente a la que puede recurrir cualquier persona, no solo
los alumnos, ya que es un blog abierto. Se nos ha permitido escribir sobre
aquello que nosotros mismos elegíamos, nuevamente dándonos la oportunidad de
crear, de ser partícipes de un método que desde luego es novedoso, y al mismo
tiempo, consideramos, ventajoso para nosotros y nuestros compañeros.
Las preguntas del
examen, elaboradas por nuestro profesor, fueron repartidas entre los propios grupos
de clase: cada uno tenía que desarrollarlas con un esquema previo, y
recurriendo al temario visto en clase y a las fuentes bibliográficas necesarias
para ello. Es decir, nosotros mismos hemos vuelto a crear una nueva fuente de
información, completamente distinta al resto de fuentes a las que se suele
recurrir en otras asignaturas, los manuales o los apuntes. Hemos creado una
nueva fuente, fusionando las dos anteriores.
Y por último los
vídeos, con los que David nos ha permitido introducir una nueva técnica de
aprendizaje, contando en todo momento con su ayuda. Una vez más, se nos ha dado
la oportunidad de elegir una temática, y elaborarla a nuestro gusto, ciñéndonos
únicamente a la duración de los vídeos, entorno a unos treinta minutos, donde nosotros
somos los protagonistas. Además, uno de los grupos se ha encargado de la
elaboración de un vídeo que recoge el desarrollo del curso, es decir, las
actividades hechas en clase, la teoría dada por David, las actividades llevadas
a cabo en las prácticas...
Esperemos que os guste la entrevista que realizamos ayer en el
programa de radio Educa en Digital
(Radio3W.com) con el resto de nuestros compañeros (Antonio Fernández, Pablo Barrantes, Ainoa
Chinchilla y Ángel Rozas), nuestro profesor (David Alonso), y la
presentadora del programa, Olga Martín.
martes, 16 de diciembre de 2014
¿A qué se denomina revolución financiera? 9/12/14 GRUPO 7
La revolución financiera
es un término que alude a una serie de cambios que configuraron un sistema
hacendístico de elementos nuevos. En este término tiene especial importancia el
crédito como elemento configurador de la evolución de los sistemas fiscales y
financieros a lo largo de la historia. Así, se produce una nueva interrelación
del crédito a la deuda como mecanismo de financiación comprendiéndose la
fiscalidad como un negocio que poseía gran implicación del capital mercantil.
Asimismo, hay que
determinar que la modernización de los sistemas de financiación vino marcada
por una serie de características:
· La existencia de una deuda nacional vitalicia,
pero con capacidad de ser amortizada en cualquier momento.
·
La obligación nacional o provincial de responder
ante ella y centralizada en la figura real.
·
La realización de una serie de pagos anuales
autorizados por el Parlamento.
·
La ausencia de coerción a la hora de colocar la
deuda.
·
La seguridad de que el gobierno es capaz de
reconocer la obligación de pagos en fechas determinadas.
·
La comprensión de la deuda como elemento que
podía ser negociado en mercados secundarios.
El
ejemplo clave de esta revolución financiera es el sistema fiscal inglés,
caracterizado por su prematura imposición de tributos directos mediante una
administración centralizada, así como por un sistema de aduanas centralizado, que
no obstante permitía la participación de las asambleas locales en el control de
los impuestos directos, controlado este sistema en máxima instancia por el
Parlamento.
lunes, 15 de diciembre de 2014
Buscar información sobre los banqueros genoveses y la Monarquía Hispánica. 9/12/14 Grupo 4
Nuestro grupo se ha encargado de analizar las relaciones entre los banqueros de la República de Génova y la Monarquía Hispánica durante la dinastía de los Habsburgo (1516-1700). Para ello hemos tomado como fuentes un artículo del CSIC de su revista Hispania escrito por Manuel Herrero-Sánchez, y un extracto del libro de Carmen Sanz Ayán Los banqueros y la crisis de la monarquía hispánica en 1640, recientemente galardonado con el Premio Nacional de Historia.
De todos los ejemplos de banqueros que nutrían la Monarquía Hispánica,
el mejor conocido es el caso de los banqueros genoveses. Cabe decir que hay un tradicional peso de
las finanzas en los estudios hispano-genoveses, habiendo muchos estudios sobre el tema. La mayor parte de los fondos se reparten entre el Archivo de Simancas, y el Archivio segreto perteneciente al Archivio di Stato di Genova.
Los estudios comienzan con las relaciones bilaterales entre la Monarquía Hispánica y la
República de Génova a partir de la firma del acuerdo de condotta entre Carlos V y Andrea Doria en 1528, y finalizaría con la muerte de
Carlos II en 1700. Según Constantini se caracterizaría por una verdadera
simbiosis y por un proceso de condicionamiento recíproco entre ambos modelos, cuya fuerte interdependencia nos permitiría hablar de un sistema imperial
hispano-genovés. Felipe Ruiz Martín habló del "siglo genovés" y esta idea fue popularizada por Braudel.
Precisamente dentro de estas relaciones entre la Monarquía Hispánica y Andrea Doria, es
curioso el tratamiento que le dio Carlos V a este último: tras pasar de servir
a la Francia de Francisco I, se pondrá al servicio español y atacará al rey
Francisco en Nápoles. Sus importantes gestas frente a los berberiscos en el Mediterráneo le convierten en uno de los hombres fuertes del emperador. Carlos V le nombra almirante mayor de Génova
por su defensa frente a Francia. El pueblo le ofrece el titulo de Dux pero lo
rechaza, prefiriendo tomar el de Padre de la Patria.
A pesar de no formar parte de la Monarquía, la República de Génova con sus entidades financieras se convierte en uno de los
principales puntos geoestratégicos del sistema imperial hispánico: era el puerto
articulador entre los dominios italianos e ibéricos de la Corona. El impacto de
las relaciones entre el monarca católico y los genoveses, y sobre la
transformación de la monarquía hispánica y más en concreto en Castilla, hacen necesario ampliar el enfoque del análisis.: salvo los estudios realizados por Arturo Pacini sobre el periodo de Doria, no hay en la actualidad un enfoque que trate el panorama general de las relaciones hispano-genovesas durante el gobierno de los Austrias.
Entrevista a Bethany Aram sobre Juana la Loca
Bethany Aram es una de las mejores especialistas sobre la figura de Juana la Loca. Os dejo este link con una entrevista en RNE sobre la madre de Carlos V.
Becas La Caixa
Se acaba de publicar la convocatoria de La Caixa para estudios de posgrado y doctorado. Os dejo el link por si hubiese algún/a interesado/a
sábado, 13 de diciembre de 2014
El Galeón de Manila: la Monarquía hispánica completa la vuelta al mundo de las redes comerciales
EL GALEÓN DE MANILA: LA MONARQUÍA HISPÁNICA COMPLETA LA VUELTA AL MUNDO DE LAS REDES COMERCIALES
Cuando el 8 de octubre 1565 el fraile agustino Andrés de Urdaneta y arribó a Acapulco (puerto del Pacífico del Virreinato de Nueva España) quedó inaugurado el trayecto que unas décadas más tarde se consolidaría como “el Galeón de Manila”, la primera ruta que conectó ambos extremos del Pacífico de forma regular. El Galeón fue una de las culminaciones del fenómeno de globalización del siglo XVI al unir las rutas del Índico portugués con las Indias españolas, completando la vuelta al mundo de las redes comerciales.
Los orígenes del Galeón hay que buscarlos ya en las primeras expediciones castellanas a las Islas Filipinas. Atravesar el Pacífico desde América era resultaba relativamente sencillo, pero el regreso por la misma ruta era imposible para los navegantes debido a los vientos y corrientes en contra, los que les obligaba a retornar a la Península atravesando el Océano Índico y bordeando el Cabo de Buena Esperanza, áreas en que los portugueses tenían, por las Bulas Alejandrinas, el Monopolio de exploración y comercio y ponía en riesgo cualquier viaje. Varios marinos lo intentaron sin éxito, teniendo que dar media vuelta tras haber recorrido incluso un tercio del camino. La expedición de Urdaneta y el capitán Miguel López de Legazpi fue concebida por Felipe II con el propósito de fundar un primer asentamiento en las Islas y encontrar el viaje de retorno. Urdaneta logró regresar a Acapulco navegando por el Pacífico Norte: subiendo hasta Japón y descendiendo por la costa de California, siguiendo una corriente llamada Kuro Siwo en el que fue bautizado como "Tornaviaje". El hallazgo permitió a la Monarquía Hispánica conquistar Filipinas, que habían quedado como única posibilidad en Asia tras la cesión de las Molucas a Portugal por Carlos V en 1529.
El Galeón de Manila fue producto de la rígida estructura de monopolio hispánica, que desde comienzos del siglo XVII prohibió el comercio de los puertos del Virreinato del Perú con Filipinas dando lugar a una única ruta entre Manila y Acapulco (más tarde se acabaría prohibiendo también el comercio entre ambos virreinatos). A partir de 1593 se establecieron 2 flotas anuales que quedaron finalmente en una por la falta de medios.
En Manila los compradores oficiales designados por la administración cada año entre comerciantes, nobles y clérigos, debían comprar en los productos demandados desde la Península. El mercado de la ciudad era manejado por las comunidades chinas asentadas en ella y que eran intermediarias del comercio con los puertos del sur chino como Cantón desde hacía generaciones (los españoles, al igual que los portugueses, se insertaron en las redes comerciales ya existentes en el Índico). Los productos adquiridos eran esencialmente sedas y porcelanas chinas y todo tipo de objetos suntuarios procedentes también de India y Japón. El pago de estos productos se realizaba en plata procedente de América, además de municiones y tejidos, que iban a parar a Cantón o a la isla de Macao. Junto a ellos se introdujeron también en Asia algunos productos americanos. Como ya menciona Emilio en su artículo Jesuitas y comercio de plata en China y Japón a finales del siglo XVI, el Imperio de la dinastía Ming y los primeros emperadores Qing basaron su sistema monetario en la plata. El anterior sistema monetario basado en el papel moneda había fracasado y al carecer de minas argentíferas en su territorio la importaron primero de Japón y luego la obtuvieron del comercio con las monarquías ibéricas, que siempre fue deficitario para los españoles por su importación de bienes de lujo. De esta forma se cerraba el ciclo de la plata por ambos lados del mundo desde Europa hasta China.
El Galeón de Manila partía con el monzón de julio y llegaba a Acapulco en diciembre, retornando a Filipinas de nuevo en julio del siguiente año. Los compradores debían vigilar el traslado de su mercancía en el convoy o bien encargar a agentes de su cuidado y venta en la Feria de Acapulco a los comerciantes encargados de su traslado a Sevilla pasando por Veracruz y La Habana. La ruta se mantuvo durante casi dos siglos hasta que decayó con la liberalización del comercio llevada a cabo por Carlos III como parte de sus medidas de reforma ilustrada. Su último viaje fue realizado en 1815 poco antes de que las independencias de los territorios americanos obligasen a realizar la comunicación a través del Atlántico y el Índico, lo que resultaba demasiado costoso. Sólo con la apertura del canal de Suez y la navegación a vapor el comercio entre Manila y la Metrópoli volvió a vivir una nueva etapa de esplendor, aunque este fuese efímero.
Bibliografía:
-El sistema comercial español del Pacífico (1765-1820) / discurso leído el día 11 de noviembre de 2007 en la recepción pública del excmo. Sr. D. Carlos Martínez Shaw, y contestación por la excma. Sra. Dª. Carmen Iglesias, Madrid, Real Academia de la Historia, 2007.
-ARMENDÁRIZ, Javier, “El descubrimiento de la ruta que unió Asia y América” Historia National Geographic Nº 90, Barcelona, 2011.
-CHANDRA, Satis (dir.), The Indian Ocean explorations in history, commerce and politics, London, Sage, 1987.
martes, 9 de diciembre de 2014
La clase obrera en Inglaterra durante el período de transición a la época industrial
Siendo este un artículo
dedicado al proceso de formación de la clase obrera inglesa entre la segunda
mitad del siglo XVIII y primera mitad del XIX creo conveniente otorgar una
definición de clase extraída de la mejor obra escrita hasta el momento sobre el
tema, me refiero a La formación de la
clase obrera en Inglaterra de E. P. Thompson: “La clase cobra existencia cuando algunos hombres, de resultas de sus
experiencias comunes –heredadas o compartidas-, sienten y articulan la
identidad de sus intereses a la vez comunes a ellos mismos y frente a otros
hombres cuyos intereses son distintos –y habitualmente opuestos- a los suyos.
La experiencia de clase está ampliamente determinada por las relaciones de
producción en la que los hombres nacen o
en las que entran de manera involuntaria. La conciencia de clase es la forma en
que se expresan estas experiencias en términos culturales. Encarnadas en
tradiciones, sistemas de valores, ideas y formas institucionales. Si bien la
experiencia aparece como algo determinado, la conciencia de clase no lo está.
Podemos ver una cierta lógica en las respuestas de grupos laborales similares
que tienen experiencias similares, pero no podemos formular ninguna ley. La
conciencia de clase surge del mismo modo en distintos momentos y lugares, pero
nunca surge exactamente de la misma forma”. (2012, p. 27-28)
La máquina de vapor,
inventada por James Watt en 1775, la spinning-jenny, inventada por James
Hargreaves en 1764, la lanzadera de Kay introducida masivamente en la década de
1760, la cardadora de Paul patentada en 1748, la wáter-frame (maquina hiladora
continua) inventada por Arkwright en 1769, todas estas invenciones incorporadas
al mundo de la producción fabril supusieron una transformación completa del
modo de producción y dieron lugar de manera directa a nuevas relaciones
sociales, instituciones y formas culturales. Estas transformaciones fueron producidas por la industria algodonera que
fue la primera en desarrollarse en Inglaterra, aunque si bien es cierto que
hasta la década de 1830 los tejedores manuales superaban en número a aquellos
hombres y mujeres empleados en las fábricas de hilado de algodón tal y como
expresa Thompson: “La cuestión es
importante, porque el énfasis exagerado en la novedad de las fábricas de los
algodoneros puede conducir a una subestimación de la continuidad de las
tradiciones políticas y culturales en la formación de las comunidades obreras.
Los trabajadores fabriles, lejos de ser los “primogénitos de la Revolución
industrial”, eran los recién llegados. Muchas de sus ideas y formas de
organización habían sido ya adoptadas por los trabajadores a domicilio, como
los cardadores de lana de Norwich y el West Country o los tejedores de cintas
de Manchester”. (2012, p. 219)
La economía, por lo
tanto continuó siendo predominantemente rural y la unidad de producción
característica continuó siendo la familia que tenía su centro de trabajo en su
propia casa en donde las mujeres y los niños recogían, limpiaban y ligaban el
algodón en bruto y los hombres lo tejían., esto significaba la no
especialización de la mano de obra al contrario que ocurría con los obreros
industriales que participaban en un proceso productivo en el que realizaban una
tarea particular atendiendo a la división del trabajo impuesta por el capital.
A pesar del
mantenimiento de estos empleos tradicionales, cuyos miembros podríamos incluir
en la amplia categoría de clases trabajadoras, el período comprendido entre
1780 y 1830 –es decir el periodo que comprende la transición entre una sociedad
preindustrial a una industrial- ve el nacimiento de lo que denominamos clase
obrera ya que durante este proceso, y sobre todo al final, encontramos la
conciencia de una identidad de intereses entre todas las clases trabajadores
contrarios a los de otras clases y el desarrollo de organizaciones políticas y
laborales exclusivamente obreras. El nacimiento de esta clase obrera se produjo
por la imposición, por parte de las élites, de unas determinadas condiciones de
trabajo y relaciones de producción que aniquilaron cierto tipo de tradiciones
propias del denominado “inglés libre por nacimiento” tales como los derechos
locales, tradiciones artesanas, igualdad ante la ley… que queda ejemplificado a
la perfección en el proceso de enclosures
y la eliminación de los derechos comunales –este proceso de cercamiento fue
realizado desde mediados del siglo XVIII por medio de la legislación
parlamentaria como método para consolidar la propiedad territorial, algunas de
las cifras de este “robo legal” son: alrededor de 75 acres entre 1727 y 1760;
478000 acres entre 1761 y 1792; cerca de un millón de acres tras las guerras
napoleónicas; y menos de 200000 acres entre 1816 y 1845-, y la precarización de
la industria doméstica ya que la mayor parte de los que trabajan por cuenta
propia se convirtieron en trabajadores asalariados bajo las ordenes de un gran
patrón. Anteriormente a este proceso la unidad domestica económica y la propiedad
territorial fue lo suficientemente fuerte para paliar –salvo en algunos casos
aislados- la confrontación de clase hasta que la industrialización la trajo consigo
ya que antes de que ocurriera esto existían simplemente fragmentos del
protoconflicto debido a la inexistencia de la clase obrera como agente
histórico.
En contra de lo que suele
pensar cierta historiografía la Revolución industrial tuvo un carácter catastrófico
para las clases trabajadoras inglesas que vieron su mundo y sus prácticas
sociales, si no eliminados completamente, muy transformadas, a esto debemos
añadir la intensidad de la explotación
tal y como expresa Thompson: “Las
injusticias que los obreros sentían como cambios en el carácter de la
explotación capitalista: la ascensión de una clase de patronos que no tenía
autoridad tradicional ni obligaciones; la creciente distancia entre el patrono
y el hombre; la transparencia de la explotación en el origen de su nueva
riqueza y poder; el empeoramiento de la condición del trabajador y sobre todo
su pérdida de independencia, su reducción a la dependencia total con respecto a
los instrumentos de producción del patrono; la parcialidad de la ley; la descomposición
de la economía familiar tradicional; la disciplina, la monotonía, las horas y
las condiciones de trabajador; la pérdida de tiempo libre y de distracciones;
la reducción del hombre a la categoría de un instrumento”. (2012, p. 228).
Esta situación se aleja mucho de los cálculos realizados por ciertos
historiadores pertenecientes a la moda académica negacionista-revisionista que
se empeñan en negar económicamente el carácter socialmente catastrófico del
triunfo políticamente contrarrevolucionario del capitalismo industrial, lo que
no debe hacernos caer en la idealización del modo de producción anterior.
Sin embargo este
proceso no fue, ni mucho menos, pacifico sino que
se encontró con la firme oposición de las clases trabajadoras inglesas –se
trata de un tipo de revuelta primitiva, enmarcada todavía en lo que se ha
denominado anteriormente como protoconflicto, ya que hasta la conformación
definitiva de la clase obrera en el siglo XIX no surgirán los nuevos métodos de
protesta basados en el trade unionismo y la huelga política-, que se expresaron
por medio de la revuelta. En primer lugar destacaremos el caso de las revueltas
protagonizadas por el campesinado. El campesino se hallaba bajo el dominio del
squirre o terrateniente que era miembro del tribunal del condado, elegía al
pastor de la Iglesia, arrendaba tierras y empleaba el trabajo asalariado del
obrero rural. Este terrateniente –en connivencia con el comerciante que vendía
el producto textil realizado por medio del trabajo doméstico del campesino-
hacía valer sus intereses de clase en el Parlamento por medio de la votación de
medidas encaminadas a desposeer al campesino de sus derechos tradicionales y a
sentar las bases legislativas que marcarían, y facilitarían, el desarrollo de
la Revolución industrial –algunas de estas leyes fueron: las acts of Enclosure
(leyes de cercamiento de tierras), las Corn Laws (Leyes de Cereales), Leyes de
Milicia, las Poor Laws (Leyes de Pobres) y las Acts of Settlement (leyes de
afincamiento para el mejor control y vigilancia de los pobres-, esta
legislación provocó una serie de revueltas que se extendieron por toda
Inglaterra, cabe destacar las revueltas de 1757 en East Anglia, Lincoln,
Northampton y el distrito oriental del condado de Yorkshire como consecuencia
de la promulgación de las Leyes de Milicia que acabaron en 1761 con la milicia
de Yorkshire disparando contra cinco mil mineros de Northumberland que
marchaban hacia Hexham para detener la selección de reclutamiento. También se
produjeron numerosas revueltas por las acts
of Enclosure que se extendieron durante todo el siglo XVIII, aunque su
virulencia aumentó a partir de 1760, destacando las revueltas en
Northamptonshire en 1710, en Wiltshire y Norwich en 1758, en Northampton y
Oxfordshire en 1765, en Boston (Lines) en 1771, en Worcester en 1772, en
Shefield en 1791 y en Nottingham en 1798.
A pesar de este tipo de
revueltas, las más numerosas de este siglo, aunque su auge se produce
igualmente en la segunda mitad de siglo, fueron las denominadas revueltas del
hambre producidas por la escasez de alimentos y el alza de los precios que se
produjeron principalmente durante 1756-1757, 1766-1767, 1772, 1782-1783, 1795 y
1800. Este tipo de revueltas solía tomar la forma de saqueos de depósitos de
granos, ataques a las casas de los comerciantes que especulaban y se
enriquecían vendiendo al extranjero el producto, el ataque a barcos de grano
destinados a la exportación y la taxation populaire que consistía en la
imposición de topes a los precios lo que se conseguía obligando al comerciante
a vender el trigo a un precio justo.
En el caso de la
revuelta urbana estaba mucho menos influenciada por el hambre, aunque también
tenía su importancia, que la realizada en el campo ya que las autoridades se
encargaban, por norma general, de mantener abastecidos los mercados y controlar
los precios, sobre todo en las capitales, para evitar los conatos de ira
popular. En las ciudades, en este caso se tomará como referencia Londres, la
revuelta aducía a motivos sociales o políticos aunque la mayoría se producía
por una mezcla de ambos. Algunas de las más destacadas revueltas producidas en
la ciudad de Londres fueron: la revuelta antiirlandesa de 1736 que se produjo
en las parroquias de Whitechapel, Shoreditch y Spitalfields como consecuencia
de la contratación de mano de obra irlandesa que salía mucho más barata que la
inglesa, ya que en ocasiones cobraban la mitad e incluso dos tercios del pago
dado a un inglés, lo que provocó la ira popular y al asalto a numerosas
tabernas frecuentadas por irlandeses; las revueltas más importantes se
produjeron en la década de 1760 y 1770 y sus causas fueron exclusivamente
políticas, se conocen con el nombre de “revueltas wilkistas” ya que el desencadenante
fue la liberación en 1763 de John Wilkes –encerrado en la Torre de Londres por
difundir libelos sediciosos contra Jorge III- que fue saludado por la multitud
al grito de “Wilkes and Liberty!”, que se convertiría desde este momento en el
lema de los wilkistas, a lo que siguió la decisión del Parlamento de prohibir y
quemar el periódico que dirigía, North Briton, lo que provocó una
insurrección popular y John Wilkes se
vio obligado a huir a Paris al ser declarado fuera de la ley. La segunda
revuelta wilkista se produjo en 1768 al ser elegido Wilkes como representante
de los propietarios agrícolas de Middlesex a su regreso del exilio, su
encarcelamiento provocó una serie de disturbios que finalizaron con la matanza
de St. George’s Fields el 10 de mayo cuando los guardias dispararon contra la
multitud que rodeaba la prisión donde se encontraba Wilkes. La última de estas
revueltas se produjo en 1773 cuando Wilkes fue elegido Lord Mayor de la ciudad
de Londres; la última revuelta de importancia en Londres producida en este
período se dio en 1780 como consecuencia de la Catholic Relief Act (Ley de
amnistía para los católicos que levantaba muchas de las restricciones impuestas
a la Iglesia Católica) que causó una enconada resistencia en Escocia, Glasgow y
posteriormente en Londres en donde una Asociación Protestante dirigida por Lord
George Gordon quien llevo una campaña de recogida de firmas que se disponía a
entregar al Parlamento, sin embargo la negativa de éste a considerar la
petición desencadenó una violenta insurrección.
Otro tipo de conflictos
que se dieron en este período fueron las disputas exclusivamente laborales
motivadas por los bajos salarios y el clima de explotación al que estaba sometida
la clase obrera. Algunos ejemplos de estos conflictos los tenemos en 1763
cuando los obreros toneleros de Liverpool exigieron un aumento salarial y en
1768 cuando los cargadores de carbón del este de Londres se declararon en
huelga hasta recibir un aumento salarial, este ejemplo es paradigmático ya que
adelanta numerosas practicas futuras como la aparición de los rompehuelgas
contratados por la patronal y la realización de piquetes pro parte de los
cargadores.
Por último, en honor de
aquellos hombres y mujeres que sufrieron las terribles consecuencias de la
industrialización y que se rebelaron contra su explotación merece la pena recordar esta vieja canción
radical:
“La
revolución igualadora
ha
empezado,
iré
a casa a buscar mi pistola,
y
dispararé contra el duque
de
Wellington.”
Bibliografía:
-
Deane,
P. (1977). La primera Revolución
Industrial. Barcelona. Ediciones Península.
-
Hobsbawm,
E. (2012). “Trilogía de Hobsbawm”.
Barcelona. Crítica.
-
Rudé,
G. (2009). La multitud en la historia.
Los disturbios populares en Francia e Inglaterra. 1730-1848. Madrid. Siglo
XXI
-
Thompson,
E. P. (1979). Tradición, revuelta y
consciencia de clase. Barcelona. Crítica.
-
Thompson,
E. P. (2012). La formación de la clase
obrera en Inglaterra. Madrid. Capitán Swing.
¿Qué es un asiento? Grupo 3, 9/12/2014.
El Asiento es una operación financiera a gran escala, entre el rey y uno o más
banqueros o particulares. El monarca recibía una cantidad de dinero en
algún lugar de sus territorios, y en un plazo breve de tiempo lo devolvería en
dinero líquido con sus respectivos intereses,
tanto en concepto de préstamo,
como en carga por el cambio de moneda. Estos intereses son añadidos por los
riesgos que corrían los particulares o banqueros.
Los banqueros también percibían la devolución de este
dinero mediante el establecimiento de asientos
en un territorio determinado, cediendo la explotación económica del mismo, un ejemplo de ello son los asientos de negros esclavos, o las diversas explotaciones mineras. El periodo de tiempo era negociado mediante un contrato,
donde se establecían las diversas condiciones.
El interés anual legal era del 12%, pero muchos asientos
sobrepasan ese límite: la urgencia con la que se necesitaba, las garantías de
devolución, etc.
Los genoveses serán los que entren en escena poco a poco
(1522-1627), y a su vez, serán
sustituidos por judíos y conversos portugueses. Los Függer serían un ejemplo de
estos banqueros.
Rocío García Escribano, Grupo 3.
LA ECONOMÍA DE CARLOS
III. CREACIÓN Y REFORMA INDUSTRIAL.
EL SECTOR TEXTIL
Como consecuencia directa del
aumento de la demografía y de la producción agrícola se produjo el despegue
(que no vuelo de altas cumbres) de la industria. El predominio del pequeño
taller frente a la fábrica se transformó en una clara superioridad de las técnicas
tradicionales frente a avances productivos. El 35 por ciento de la población
habitaba en villorrios o pueblos de menos de 1000 habitantes y aún con mayor
prevalencia de población rural en el norte cantábrico. Durante los años que van
de 1717 a 1797 la población aumentó desde los siete a los diez millones y medio
de habitantes. Galicia era la región más poblada con 1,3 millones de habitantes
y de sus tierras salían muchos emigrantes. [1]
Sin
embargo las producciones de hilados ingleses iban a crear unas corrientes
contra las que nada podían las puertas cerradas de Gálvez o Carlos III: sus
medidas resultaron defensivas, reactivas, insuficientes y, también, limitadas
en su alcance. Esta cruda realidad se impuso de manera imbatible en las colonias
donde el rey quería proteger América como base de la monarquía: los ingleses
necesitaban Hispanoamérica para su revolución industrial. [2]
El catastro de Ensenada nos ofrece
en la corona de Castilla una producción artesana dispersa, poco concentrada y
de baja productividad. Es un artesanado disperso donde predomina el taller
familiar, todavía tardaría en imponerse el moderno centro fabril concentrador
de producción. Las reales fábricas de Guadalajara, la construcción y el
armamento estaban en manos estatales. La de Guadalajara por ejemplo encargaba
la producción textil a una extensa mano de obra rural. Lo mismo con el algodón
en Ávila en 1790. Da una idea del carácter artesanal de la producción española
en el siglo en general y durante el reinado de Carlos III en concreto. Bernardo
Ward y Campomanes querían la industria lanera en Segovia. Sin embargo a través
de Eugenio de Larruga en sus Memorias
Políticas y Económicas nos damos cuenta de la enorme importancia de esa
industria, a pesar de todos los intentos, dispersa y en manos particulares.[3]
Es preciso señalar que en las
últimas décadas del XVIII y ya a principios del XIX la ropa de cama y la
mantelería ocupan más de un cincuenta por ciento del stock de textiles de gran
cantidad de hogares castellanos junto con las cintas y la pasamanería. La
mismísima mantilla, tan española ella de seda y paño y luego de blonda y encaje
será la base para industrias como la de Almagro.[4]
Si este siglo de recuperación
económica se confirma en tal aspecto es posible verlo por Barcelona, donde
Pablo Canals organizó en 1726 los primeros talleres de algodón estampado,
organiza en esta ciudad una de las primeras fábricas de hilados de algodón de
toda Europa, pasó Barcelona de producir 23.000 piezas de tejido a 400.000 lo
que convirtió a la ciudad condal en una de las primeras de Europa en producción
textil. [5]
Después
del motín de 1766 en Madrid, Campomanes prefirió la dispersión antes que la
concentración de los trabajadores urbanos. Su ideal era el de una industrial
pequeña que completase el trabajo y los ingresos de lo rural y agrario para el
campesino y su familia y, que además, no tuviera un coste de implementación
alto. [6]
Fueron beneficiados el sector textil, siderurgia y minería.
Las
fábricas textiles estuvieron localizadas en San Fernando de Henares, Hervás,
Ezacaray, Ávila, Brihuega, La Coruña (jarcia para barcos) Guadalajara…En
Simancas se instalaron variadísimas industrias pañeras: algodón, bayeta, felpa,
franela, lana, muselina, sarga, seda…[7]
La
industria más adelantada radicaba en Cataluña. [8]La
pañería lanera de Cataluña y la fabricación de lienzos en Galicia aumentaron su
producción a la par que descendía la producción textil del interior. En cuanto
a la sedería produjeron sus manufacturas Granada y Sevilla. En 1767 se
publicaron las reales ordenanzas para las fábricas de indianas, junto con ellas
la manufactura del algodón. Desde ese año crecieron las fábricas de 29 a 113 en
Barcelona y fuera de la ciudad condal de 3 a 16 en el período 1768-1796. [9] A
partir sin embargo de 1780 factores externos e internos llamaron a una crisis
fabril relacionada con la dependencia del algodón hilado de Malta.
En
este campo como en otros España era fundamentalmente una productora de materias
primas en general, así por ejemplo el “Diccionario universal de comercio” de
Savary des Bruslons describiría a Valencia como una ciudad exportadora de seda
y productos vitícolas, así como en abierta contradicción con lo anteriormente
dicho, a Barcelona como una ciudad a mediados del XVIII fundamentalmente
dedicada a la exportación de aguardiente y frutos secos. En este contexto no es
de extrañar que la figura de las fábricas reales naciesen al albur de
semejantes condiciones, así desde 1680
se fomentó la construcción de esos elementos, que eran instituciones
financiadas con capital público, invertidos por la hacienda estatal y con fin
de desarrollo económico. Por ejemplo destacó en este aspecto la construcción de
la Real Fábrica de Tapices que además cumplía la norma de trabajar de cara al
sector del lujo. En el reino de Valencia gran parte de la economía giraba en
torno a la seda, así en 1753 se fundó la
real fábrica fundada por los Gremios mayores de Madrid y dirigida por técnicos
franceses, la llamada fábrica de paños de Alcoy, Enguerra, y Bocairente, todas
ellas fabricantes de paños.[10]
EL SECTOR DE LA SIDERURGIA.
Campomanes
esperaba fomentar la producción industrial entre artesanos y mujeres que fuesen
independientes y así permitir el libre ejercicio de artes y oficios, con
edictos rompió el monopolio de los gremios, se quería fomentar el desarrollo de
fábricas mediante la creación de empleos no provenientes directamente a esos
gremios[11]. A
partir de 1760 y por propia inspiración del rey el gobierno se dispuso a la intervención
en la siderurgia que durante los años anteriores (sobre todo en cuestión de
cañones y munición) había estado en manos de capitalistas particulares que
subscribían con periodicidad contratas para el suministro de materiales
metálicos al estado, Joaquín de Olivares (Marqués de Villacastel de Carrias) es
un ejemplo de ello. De esa manera el
estado se hizo con el pleno control de la siderurgia desde 1764. Hasta entonces
la producción había estado concentrada en el río Miera, con las fábricas de Liérganes
y La Cavada (desde principios del XVII, con cientos de trabajadores)[12].
Esta nacionalización no dio buenos frutos en el futuro a pesar de que la década
1783-93 puede ser considerada de
relativo éxito en la gestión.
Carlos
III intentó fomentar la introducción y producción de nuevas industrias en base
a suprimir impuestos entre los cuales estaba la alcabala, cientos y otros
arbitrios, así lo hizo en Valencia con una fábrica de pañuelos de seda y
muselinas semejantes a las inglesas, fábrica de paños de Bocairente también en
Valencia, en Rubielos, Aragón para paños, bayetas, codellates y demás
manufacturas, también en el verano de 1782 se extendió a las manufacturas de
seda, lino, algodón de la fábrica de Valdermoro, también a fábricas propiedad
de extranjeros se extendieron estos privilegios como el francés Reboul en 1769
y a Pedro y Francisco Laurián en 1784. También en 1787 se eximió de las
alcabalas y cientos a los productos elaborados en la fábrica de latón de
Alcaraz…la lista sería larga y abundante en ejemplos. [13]
A
las puertas de la revolución industrial se comprometió la viabilidad de las
empresas: se comprometieron los avances técnicos, no se pensó en la relación
costes-beneficios y se creó una cuasi simbiosis entre la siderurgia y el
aparato financiero del estado ya de por sí anémico y en estado depauperado.
Además después de esa década llegó el agotamiento del combustible de las
fábricas: la reserva forestal se agotó y la disposición y coste del acarreo del
combustible hasta las centrales pasó a ser prohibitivo. De tal manera desde
1800 sólo pudieron encenderse dos de los seis hornos existentes.[14]
Carlos
III fundó altos hornos en Girona, 1758, Cádiz 1780 y navarra 1789. En los
mejores años del siglo y del reinado del borbón la producción férrea superaba
las 85.000 tm. También en su reinado se inician los primeros ensayos
acerísticos. Esto también atrajo a la península al carbón británico desde
finales de los 60´s sin embargo las dos décadas siguientes sirvieron para abrir
el mercado al carbón asturiano. En 1791 se crearon las Reales minas de Langreo.
En 1789 con capital británico también se fundó en Asturias la Compañía de San
Luis. Con todo el sector privado también terminaría colapsado por condiciones
de tipo estructural tales que: una escasa y errática demanda y sobre todo la
inexistencia de un sistema articulado y razonado de transportes que permitiese
disminuir el precio final del producto. [15]
[1] HAMMET
BRIAN, R, La política española en una época revolucionaria, 1790-1820, Fondo de
Cultura Económica, México, 2011.
[2]
GUILLAMÓN ÁLVAREZ, F. Javier, Reformismo
en los límites del orden estamental, Universidad de Murcia (Editum),
Murcia, 2010, pp. 68
[3] SUÁREZ
FERNÁNDEZ, Luis (editor), Historia
General de España y América, Rialp, Madrid, 1990, Pp. 47
[4] FORTEA
PÉREZ , José Ignacio, Imágenes de la
Diversidad, el mundo urbano en la corona de Castilla (s.XVI-XVIII) Universidad
de Cantabria, 1997, pp. 274 y ss.
[5]
FERNÁNDEZ ÁLVARES, Manuel, España y los
españoles en los tiempos modernos, Ediciones Universidad de Salamanca,
Salamanca, 1979, pp. 453
[6] PÉREZ
ESTÉVEZ, Rosa María, La España de la
ilustración, Madrid, Editorial Actas, 2002, p. 38
[7] MARTÍNEZ
RUIZ, E y PI CORRALES, M de Pazzis, (eds.) Ilustración,
ciencia y técnica en el siglo s. XVIII español, PUV (Universidad de
Valencia), Valencia, 2008, pp. 316
[8] HERR,
Richard, España y la revolución del siglo
XVIII, Madrid, Aguilar, 1971, p.115
[9] GARCÍA
CÁRCEL, Ricardo, Historia de España siglo
XVIII, la España de los Borbones, Madrid, Cátedra, 2002, p. 297
[10] SUÁREZ
FERNÁNDEZ, Luis (edit.), Historia General
de España, Rialp, Madrid, 1990, pp. 23 y ss.
[11]HERR,
Richard, España contemporánea,
Marcial Pons, Madrid, 2004, pp. 90.
[12] Para
mayor información sobre la técnica de fragua y colación del hierro y sus
problemas económicos de implantación véase: ALCALÁ-ZAMORA Y QUEIPO DE LLANO
(Coord.) La España oceánica de los siglos
modernos y el tesoro submarino español, Real Academia de la Historia,
Madrid, 2008, pp. 196 y ss.
[13] CREMADES
GRIÑÁN, Mª Carmen, Borbones, Hacienda y Súbditos en el siglo XVIII, Universidad de
Murcia, Murcia, 1993, pp. 156 y ss.
[14] ALCALÁ
ZAMORA, José, Altos hornos y poder naval
en la España de la Edad Moderna, Real Academia de la Historia, Madrid,
1999, pp. 63 y ss.
[15] HERR,
Richard, España contemporánea,
Marcial Pons, Madrid, 2004, pp. 300
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